| Filosofía de diseño |
Toda intervención está inmersa en un contexto ó entorno y sujeta a respaldar un contenido determinado. La relación entre estos tres elementos; entorno, intervención y contenido, es la fuerza que determina la exploración y el proceso de generación de cada idea. De esta manera, no es la intervención en sí misma, sino la relación con su contexto y las implicaciones en su contenido lo que se convierte en nuestro verdadero objeto de estudio.
La conceptualización se aleja premeditadamente de la generación formal del objeto en sí, para complementar y complementarse tanto por su entorno como por su contenido. Las intervenciones se convierten, naturalmente, en extensiones integrales de un conjunto cuyas propiedades se re-definen y articulan a través del proceso de diseño.
Este enfoque, nos ha llevado consecuentemente a la continua reflexión sobre de los territorios y los procesos de generación del espacio público y privado, la definición de los límites entre interior y exterior y la ambivalencia implícita en estas dicotomías, dando lugar a una revisión constante de los diferentes grados de relación e interacción entre el contenido de las intervenciones y su entorno.
Las manifestaciones de nuestro trabajo son resultado de dar coherencia a los elementos que las definen. Articulando sus componentes como parte de un conjunto dentro de un contexto mayor al de la propia intervención, la metodología de trabajo se enfoca en la búsqueda de lógicas base que nos permitan, dar sentido y coherencia al sistema en cuestión. Dichas lógicas, o mecanismos de trabajo, no se generan como parte de un proceso directo de diseño, sino por el contrario, se encuentran a partir de la atenta mirada hacia la esencia de los múltiples sistemas cotidianos que nos rodean. Nuestra labor se da entonces, en un ámbito de adaptación y traducción de dichas lógicas para generar un sistema integral y coherente dentro de una búsqueda concreta.